Cineinfinito #16: David Brooks

CINEINFINITO / Cine Club Filmoteca de Cantabria
Sábado 6 de Mayo de 2017, 17:45h, Filmoteca de Cantabria
Calle Bonifaz, 6
39003 Santander




























Programa:

Winter (1966) 16mm/ sound / colour / 16:05
The Wind is Driving Him Toward the Open Sea (1968) 16mm/ sound / colour / 52:00

Formato de proyección: 4K (Nuevo transfer digital realizado en primicia para esta
sesión)


Agradecimiento especial a MM Serra y a Filmmakers Coop.  

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Winter (1966)

Lugares: Nantucket, Kazakhstan, Grant's Nepal, Colorado, Mt. Kearsange, Iowa, 7th 

Street.  Puerta noche dorada árboles fuego goteo lluvia azul caballo río nieve aves verde 
bosque montaña oscuro habitación niebla coche árboles ventana patos volando. Armonías: 
Raga Palas Kafi, Grant's, Slug's, Bo Diddley, Jimmy Reed, Raga Rageshri, el viento, Chuck 
Berry, Marvin Gaye, the Beatles, Piatniksky Chorus. –DB


[Locales: Nantucket, Kazakhstan, Grant's Nepal, Colorado, Mt. Kearsange, Iowa, 7th Street. 
Door golden night room trees fire drip rain blue horse river snow birds green mountain forest 
dark room mist car trees window ducks are flying. Overtones: Raga Palas Kafi, Grant's, Slug's, 
Bo Diddley, Jimmy Reed, Raga Rageshri, the wind, Chuck Berry, Marvin Gaye, the Beatles, 
Piatniksky Chorus. –DB]
































The Wind Is Driving Him Towards the Open Sea

No vista desde hace décadas, esta obra de David Brooks fechada en 1968, lírico intento de 
comprender tanto las pequeñas bellezas del mundo como las grandes decepciones, es una 
creación a la vez expansiva, estimulante y melancólica. Yendo de la ciudad (Nueva York) 
al campo (Nueva Inglaterra), el autor muestra a gente tumbada sobre la hierba o 
hablando de filosofía durante una rojiza puesta de sol, mientras la cámara hace 
panorámicas o zooms como poseída por un exceso de energía encaminada a encontrar 
respuestas. El diálogo sobre un artista alcohólico sugiere una nota de fracaso, lo que hace 
que todo lo visto parezca más precioso y fugaz. Brooks murió en un accidente de coche 
cuando tenía 24 años, un año después de filmar esta película.  –Fred Camper

[Unseen for decades, David Brooks's sprawling, lyrical 1968 attempt to come to terms with 
the world's small beauties and large disappointments is at once exhilarating and 
melancholy. Shifting between the city (New York) and the countryside (New England), he 
shows people making out in the grass or talking philosophy during an overly red sunset, his 
camera shaking, panning, and zooming as if possessed by too much energy for its desperate 
quest to end. Dialogue about an alcoholic artist injects a note of failure, making the sights 
we see seem more precious and fleeting. Brooks died in a one-car crash when he was 24, the 
year after this film was made. –Fred Camper]


3 de diciembre: El Museo de Arte Moderno, como parte de sus series mensuales de los
martes, presentó la nueva película de David Brooks, The Wind id Driving Him Toward the 
Open Sea (1968). La película es tan poética como su título. Encuentro que es una de las 
películas no-narrativas más interesantes que han aparecido este año. Lo que es 
interesante, al menos para mí, es que David Brooks logra reunir en él una serie de 
técnicas diferentes que hasta ahora sólo habían sido utilizadas en el cine poético no-
narrativo, técnicas como las del fotograma único, el movimiento de cámaras libre e 
impresionista, la falta casi total de argumento, etcétera. Otra cosa que me gusta en The 
Wind es la fascinante melancolía que lo rodea. Es una narración de ambientes, de 
reflexiones, de cosas perdidas, como las hojas en otoño –no hay tragedia, en realidad, sino 
sólo una atmósfera de melancolía, de tristeza; de amigos, maneras de vivir, culturas 
desaparecidas, de épocas que vienen y se van; estas son sólo algunas de las notas que 
pulsa la película. ¿Romanticismo? Quizás. Jonas Mekas

[Decembre 3: Museum of Modern Art, as part of their monthly Tuesday Series, presented 
David Brooks' new film, The Wind id Driving Him Toward the Open Sea. The film is as petic 
as its title. I find it one of the most interesting narrative films that have come out this year. 
What's interesting about it, at least to me, is that David Brooks manages to fuse in it a 
number of different techniques which till now have been used only in nonarrative, poetic 
films –techniques such as single frame, free, impressionistic camera movement, almost 
total plotlessness, etc. The other thing that I like about The Wind is a fascinating melancholy
that surrounds it. It's a narrative of moods, of reflection, of things lost, gone, like autumn 
leaves –no tragedy, really, only a mood of melancholy, of sadness– of friends, of ways of life, 
of cultures gone, of ages coming and going these are just some of the notes that the film 
strikes. Romanticism? Perhaps. Jonas Mekas]












































20 de marzo de 1969
POR QUÉ ESTOY ESCRIBIENDO ESTE ARTÍCULO

El establecimiento de la Cinemateca de Cooperativa de Realizadores en la Galería de Arte 
Moderno –nuestro nuevo exilio– me ha obligado a  saltarme algunos artículos. Ahora no sé 
por dónde empezar. La muerte inesperada de David Brooks nos devolvió por un momento a 
la realidad. Dejamos de correr, nos detuvimos a pensar en nuestro propio destino, en 
nuestro propio trabajo. Primero Maya Deren, luego Ron Rice y ahora David Brooks; todas 
ellas muertes jóvenes, sin sentido, todas parte de la historia, ahora, en la que debemos 
continuar. Empecé a escribir este artículo y encontré que no tenía mucho sentido. Quería 
dejar de escribirlo. Pero luego pensé: miles de artículos en miles de periódicos son 
utilizados para promover la estupidez y la vulgaridad del mal cine. Mientras que yo tenga la 
oportunidad, en este pequeño espacio, de llamar la atención de la gente sobre ciertas 
creaciones del hombre que están intentando alcanzar la luz, debo hacer uso de él. De 
manera que aquí estoy otra vez, delante de la máquina, escribiendo con un toque de 
dramatismo, pensando: es algo casi maligno que nuestros críticos cinematográficos, bajo su 
actual forma de proceder, se ocupen solamente del cine comercial.  Se llaman a sí mismos 
críticos de cine, pero no son otra cosa que esclavos del dinero. Qué malignidad la de 
nuestros editores, la de nuestra presa cotidiana y la de nuestras revistas semanales, al llevar 
a la atención del público y brindar espacio (porque la crítica es esencialmente eso) 
solamente a aquellas películas que han estado en cartelera por una larga temporada, sin que 
importe qué tal malas o estúpidas sena, e ignorar, mantener al margen de la atención 
pública todos los bellos trabajos que sólo pueden permitirse una función en la Cinemateca o 
en el Museo de Arte Moderno. Un gran número de bajo presupuesto se estrenan en Nueva 
York cada semana, muchas más que las de alto presupuesto, y nadie lo sabe. ¿Es pedir 
mucho de la prensa que informe al público sobre “todas” las películas que se estrenan en 
Nueva York? Estos estrenos no son un secreto, la prensa los conoce. ¿Reseñaron la prensa y 
los críticos de cine la serie de películas holandesas que se exhibieron en el Museo de arte 
Moderno? ¿O la serie de películas canadienses? Reseñaron todas las estúpidas películas 
comerciales que se estrenaron esa semana, pero guardaron silencio sobre las películas 
interesantes. Y se atreven a llamarse a sí mismos críticos de cine, la Asociación Nacional de 
Críticos Cinematográficos o nombres parecidos. Acuso a todos nuestros críticos de cine, 
acuso a Time, Newsweek, Variety, The New York Times y Post, y a todos nuestros periódicos 
revistas (incluyendo a la mayor parte de la prensa underground) de cometer un 
imperdonable crimen cultural al reseñar solamente películas comerciales, solamente 
películas que permanecen largo tiempo en cartelera, al ignorar acontecimientos 
cinematográficos únicos. Y no lo hago porque me interese saber lo que sus galimatías dirán 
sobre Brakhage o Baillie o el underground de Chicago; lo hago porque estoy luchando por 
espacios espacio y por una igualdad de derechos para la creación estética del hombre. 
Estas películas deberían ser comentadas, deberían ser expuestas a la atención del público, el 
público debe saber que existen. El público tiene derecho a saber que tiene una elección. El 
sistema actual es maligno. Es maligno todo aquello que impide que el hombre pueda elegir, 
saber que existe una mayor variedad de experiencia cinematográficas. Nuestros críticos de 
cine restringen las sensibilidades de la humanidad.

Opino que es un desprecio cultural, estético y humano, y también un crimen por parte de 
nuestra prensa el hecho de que nadie sepa que durante las tres últimas semanas Tom Tom, 
the Piper’s Son (1969) de Ken Jacobs fue exhibida. The Horseman, The Woman, and The 
Moth (1968) y Lovemaking (1968), de Brakhage, fueron exigidas; Quixote (1965), de Bruce 
Baillie, The Great Blondino (1967), de Robert Nelson, también. Nuestra prensa no tenía 
excusa ni derecho de ignorarlo, de ocultar a la gente estos sublimes, magníficos trabajos, 
cuando dedicaron todo su espacio a las vulgaridades cinematográficas que se han estrenado 
durante las últimas tres semanas. Tres, cuatro obras cinematográficas de gran belleza 
pasaron inadvertidas, ¡y se llaman a sí mismos la prensa, la notica! O los editores nombran 
críticos (tienen que nombrar gente que esté calificada para ello) que cubran “todos” los 
estrenos cinematográficos de Neva York –ya sean películas de larga permanencia en cartel o 
exhibiciones únicas–, o cierra sus periódicos y se van a su casa. O quizá sea ya tiempo para 
nuestra revolución cultural. Las demostraciones, las huelgas, los estudiantes, el público 
debería tomar por asalto el edificio del Time-Life, el edificio del New York Time y exigir una 
completa modificación de la prensa cultural, de sus procedimientos y de sus personal. 
Porque lo que digo con respecto al cine es, en realidad, aplicable a todas las artes: a las 
música, al ballet y al teatro. Todavía me hierve la sangre cuando pienso en los abominables 
artículos que Barnes escribió en el Time sobre la serie Dance 69, en lo que hizo con ella. 
¿Qué san este hombre sobre el ballet moderno? ¿Cómo permiten esto periódicos que 
hombre enmohecidos escriban sobre arte moderno?

Me indigna ver que artistas como Maya Deren, Ron Rice y ahora David Brooks crean, 
trabajan y consumen su vida, mueren jóvenes intentando crear más belleza en este mundo y 
hacer que la vida del ser humano sea más soportable, mientras que todos nuestros medios 
de comunicación e información conspiran para ocultarlo, para mantenerlo alejado del 
conocimiento y del alma de la humanidad. Sí, sí, nuestra prensa es maligna y estúpida.

Jonas Mekas. Diario de Cine. El nacimiento de nuevo cine norteamericano. (pág. 396-
398)